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¿Ya tienes cuenta? Entrar14/09/2026 · Alfonso Lopez Pe
Quien ha tenido una pájara de verdad la recuerda con una precisión incómoda. No hubo un deterioro progresivo, como cuando el cansancio se va acumulando a lo largo de la tarde. Ibas bien, quizá incluso con buenas piernas, y en cuestión de minutos todo se vino abajo: la potencia desapareció, el llano empezó a parecer cuesta arriba y la cabeza se llenó de una niebla espesa en la que solo cabía una idea, llegar.
En el ciclismo español lo llamamos pájara; en inglés, bonk. Y aunque se vive como un desfallecimiento físico, lo que hay detrás es bastante más concreto y, sobre todo, bastante más evitable: te has quedado sin combustible disponible. No sin fuerza, no sin forma. Sin combustible.
En este artículo vemos qué ocurre dentro del cuerpo, por qué llega de golpe, por qué el hambre es un mal aviso y cómo organizar la comida en una salida larga para que no vuelva a pasarte. Y al final, qué hacer si te pilla igualmente.
Para pedalear, el músculo quema sobre todo dos cosas: grasa e hidratos de carbono. La grasa es una reserva enorme incluso en la persona más delgada, pero se transforma en energía despacio. Los hidratos se usan mucho más rápido, y por eso ganan protagonismo en cuanto el ritmo sube. El problema es que de hidratos guardamos poco.
El cuerpo almacena los hidratos en forma de glucógeno, en los músculos y en el hígado. A un ritmo exigente, esa reserva da para un par de horas, más o menos: bastante menos si vas fuerte, algo más si ruedas suave, y depende mucho de lo que hayas comido el día anterior y esa misma mañana. Si durante la salida no repones, el depósito se vacía. No hay entrenamiento que lo haga infinito.
El glucógeno del músculo se gasta en el propio músculo. El del hígado tiene otro trabajo: ir liberando glucosa a la sangre para mantener su nivel estable. Cuando esa reserva también se agota y no entra nada nuevo, la glucosa en sangre empieza a bajar.
Aquí está la clave de por qué una pájara se siente tan distinta del cansancio normal. El cerebro depende sobre todo de la glucosa para funcionar, y cuando le llega menos no negocia: recorta el esfuerzo que está dispuesto a permitir y el cuerpo entero lo nota. Por eso los síntomas no son solo de piernas, también de cabeza:
Si la pájara avisara con tiempo, casi nadie la sufriría. Hay tres motivos por los que no lo hace.
Mientras ruedas a buen ritmo, y más aún con calor, el apetito tiende a desaparecer. La sangre se reparte hacia los músculos y la piel, la digestión pasa a segundo plano y el estómago deja de reclamar. Es muy fácil pasar dos horas sin sentir la menor necesidad de comer, y precisamente esas dos horas son las que vacían el depósito.
Mientras queda glucógeno y el hígado consigue sostener la glucosa, todo parece normal. No hay una aguja que vaya bajando a la vista; hay un sistema que mantiene el nivel mientras puede y que, cuando deja de poder, cae rápido. Por eso la sensación es de interruptor y no de pendiente.
Comer no es repostar al instante. Una bebida con hidratos o un gel hacen efecto relativamente pronto; una barrita o un bocadillo necesitan bastante más digestión. Si esperas a notar el vacío para comer, lo que tomes en ese momento empezará a servir cuando el agujero ya esté hecho. El hambre, encima de la bici, es un aviso con retraso.
De ahí sale la regla que resume todo el artículo: en una salida larga se come por el reloj, no por el estómago.
Las recomendaciones de referencia en nutrición deportiva (el posicionamiento conjunto del American College of Sports Medicine de 2016 y los trabajos de Asker Jeukendrup sobre la ingesta de hidratos durante el ejercicio) coinciden en que la cantidad depende sobre todo de la duración del esfuerzo. Son cifras orientativas, pensadas para esfuerzos continuos, y cada estómago tiene su propia tolerancia:
| Duración de la salida | Hidratos por hora (orientativo) | Qué suele funcionar |
|---|---|---|
| Menos de 1 hora | Normalmente no hace falta comer | Agua y haber comido bien antes |
| De 1 a 2,5 horas | 30-60 g | Bebida con hidratos, geles, plátano, barritas |
| Más de 2,5 horas | Hasta 90 g en competición, con el estómago entrenado | Combinación de líquido y sólido; productos que mezclan glucosa y fructosa |
| Ultradistancia y bikepacking | Lo que el estómago tolere de forma sostenida durante muchas horas | Alternar comida «normal» con productos deportivos; algo salado de vez en cuando |
Para la mayoría de salidas cicloturistas, moverse en la franja de 40 a 60 gramos por hora ya basta para no quedarse vacío. Las cifras altas, en torno a 90, son terreno de competición y exigen haber entrenado el estómago; intentarlo de golpe un domingo suele acabar en molestias digestivas.
Nadie rueda con una báscula, así que conviene tener unas equivalencias en la cabeza. Son aproximadas y cambian según marca y tamaño, así que la referencia buena es siempre la etiqueta:
Con eso, una hora a unos 50 g puede ser un bidón de isotónica y medio plátano, o un gel y medio bidón. No hace falta complicarlo más.
En salidas de más de dos horas, el primer aporte no debería esperar a la segunda hora. Empezar dentro de la primera, en torno a los 30-45 minutos, mantiene la entrada constante antes de que el depósito empiece a notarse. Es de las correcciones más sencillas y de las que más cambian la segunda mitad de la ruta.
El estómago tolera mucho mejor cantidades pequeñas repetidas que una comida grande a mitad de ruta. Repartir el aporte cada 20-30 minutos (unos bocados, un gel, unos sorbos de bebida con hidratos) mantiene un suministro estable y reduce las molestias. Si te cuesta acordarte, programa un aviso: muchos ciclocomputadores permiten configurar recordatorios periódicos, y un simple temporizador cumple la misma función.
La bebida con hidratos resuelve dos problemas a la vez: agua y combustible, sin masticar y con una digestión rápida. Con calor, cuando lo sólido entra peor, suele ser la forma más fácil de mantener el aporte. Lo contamos a fondo, junto con el papel del sodio, en cuánta agua beber en bici en salidas largas.
Una estrategia que le funciona a mucha gente: lo sólido (barritas, un bocadillo pequeño, fruta) en las primeras horas y en los tramos tranquilos, cuando la intensidad es baja y la digestión más fácil; los geles y la bebida, en la parte final o en los tramos exigentes, cuando el estómago acepta peor lo que hay que masticar.
Muchas pájaras no se deben a no llevar comida, sino a llevarla donde cuesta sacarla. Si para comer tienes que parar, abrir la bolsa del sillín y rebuscar, lo irás dejando «para dentro de un rato» hasta que sea tarde. Tres ajustes sencillos lo cambian:
Si ruedas con acoples, añade una regla más: incorpórate y pasa las manos al manillar antes de soltar una para comer, y hazlo en rectas tranquilas. La posición aero es muy eficiente, pero no es desde donde mejor se controla la bici con una sola mano. Cómo ganar soltura en esa postura lo tratamos en cómo acostumbrarse a la posición aero, y dónde colocar las bolsas sin estropear el manejo, en cómo cargar la bici para bikepacking.
Lo que comes antes de salir decide con cuánto depósito arrancas. Tres pautas básicas:
Rodar en ayunas tiene su sitio en algunos planes de entrenamiento muy concretos. Salir así a una ruta larga y exigente es ponerle fecha a la pájara.
El aparato digestivo se adapta. Quien practica a comer en los entrenamientos tolera con el tiempo más cantidad y con menos molestias; quien solo come en serio el día de la prueba suele descubrir el límite de su estómago en el peor momento. Dos consejos que se repiten en cualquier guía seria:
Con la glucosa baja se piensa peor y se reacciona más lento. Seguir en carretera, con tráfico y tomando decisiones torpes, es el verdadero riesgo. Apártate del todo antes de hacer nada más.
Un gel, una bebida azucarada, caramelos o un refresco del bar más cercano. Ahora no interesa lo sólido y lento: interesa lo que llegue pronto. Acompáñalo de agua.
Date diez o quince minutos antes de reanudar la marcha y hazlo a un ritmo muy tranquilo, sin dejar de comer poco y a menudo hasta el final. La mejoría suele ser real pero parcial: ese día ya no vas a recuperar las piernas del principio. Si puedes, acorta la ruta.
Si después de comer no hay ninguna mejoría, o aparecen confusión intensa, desmayo, dolor en el pecho o síntomas que no encajan, no lo trates como una pájara: pide ayuda y llama al 112. Y si tienes diabetes o tomas medicación que afecta a la glucosa, tu estrategia de alimentación en bici tiene que pautarla tu médico, no un artículo de blog.
Las tres pueden dejarte clavado, pero no se resuelven igual. Esta tabla es orientativa:
| Señal | Pájara | Deshidratación o calor | Fatiga acumulada |
|---|---|---|---|
| Cómo aparece | De golpe, en cuestión de minutos | Progresiva, y peor cuanto más calor hace | Gradual, a lo largo de la salida o de varios días |
| Qué notas en la cabeza | Niebla mental, irritabilidad, mareo | Dolor de cabeza, sed intensa, mareo al incorporarte | Desgana, pero la cabeza funciona |
| Otras pistas | Hambre voraz, sudor frío, temblor | Boca seca, orina escasa y oscura, calambres | Piernas pesadas que no mejoran al comer |
| Qué ayuda | Hidratos rápidos: mejora en 10-15 minutos, aunque parcial | Sombra, parar y beber con sales | Descanso, sueño y bajar la carga de entrenamiento |
Es un bajón brusco de rendimiento que aparece cuando se agotan las reservas de hidratos del cuerpo (el glucógeno de músculos e hígado) y la glucosa en sangre empieza a bajar. Como el cerebro depende sobre todo de la glucosa, no fallan solo las piernas: también aparecen mareo, sudor frío, irritabilidad y dificultad para concentrarse. Se evita comiendo con regularidad durante las salidas largas.
Depende de la duración. En salidas de menos de una hora normalmente no hace falta comer. Entre una y dos horas y media, las recomendaciones de referencia hablan de 30 a 60 gramos por hora. En esfuerzos de más de dos horas y media se puede llegar hasta unos 90 gramos por hora en competición, con productos que combinan glucosa y fructosa y con el estómago entrenado. Para la mayoría de salidas cicloturistas, 40-60 gramos por hora suele ser suficiente.
Tras tomar hidratos de absorción rápida, lo habitual es que en diez o quince minutos se pueda reanudar la marcha a ritmo suave. La mejoría es parcial: ese día no se recupera el rendimiento del principio, así que conviene seguir comiendo poco y a menudo y, si es posible, acortar la ruta. Si comiendo no hay ninguna mejoría, hay que pedir ayuda.
Las dos cosas tienen su momento. Lo sólido, como barritas, fruta o un bocadillo pequeño, entra mejor en las primeras horas y en los tramos tranquilos. Los geles y la bebida con hidratos se digieren más rápido y encajan mejor en la parte final, en los tramos intensos o con calor. Lo más importante es usar solo lo que ya hayas probado en los entrenamientos.
Normalmente no, si has comido con normalidad antes de salir: con agua suficiente basta. La situación cambia si sales en ayunas, si la salida es muy intensa o si se alarga más de lo previsto. En ese caso, llevar un gel o una barrita encima es un seguro barato.
En CarboXtrem fabricamos piezas de carbono y mallas impresas en 3D para los puntos donde tu cuerpo toca la bici. No vendemos geles ni barritas, y ningún componente, tampoco los nuestros, sustituye a comer a su hora.
Lo que sí puede hacer el material es quitar excusas. Si ruedas muchas horas sobre acoples, tener la bebida delante y poder beber sin sacar los brazos del apoyo convierte el «ya beberé luego» en un sorbo cada pocos minutos; y si en el bidón llevas bebida con hidratos, ese sorbo también es combustible. Para eso diseñamos el Kit Porta Bidones, compatible con todos los modelos de acoples CarboXtrem.
Este artículo es divulgativo y no sustituye el consejo individual de un dietista-nutricionista deportivo ni el de tu médico.
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