Sillín Carbon 3D NEXUS de CarboXtrem con su malla lattice impresa en 3D vista desde arriba

¿Sillín Blando o Duro? Por Qué Más Acolchado No Es Más Cómodo

El instinto que te está costando comodidad

Hay una reacción casi automática entre ciclistas: cuando el sillín empieza a molestar, se busca uno más blando. Más gel, más grosor, más relleno. Es lógico —si duele, que ceda más— y es exactamente por eso que tantas tiendas siguen vendiendo sillines que se hunden un dedo al apretarlos con el pulgar.

El problema es que ese gesto, el del pulgar en la tienda, mide una cosa que no tiene casi nada que ver con lo que vas a sentir a las tres horas de ruta. Un sillín puede parecer un sofá en el mostrador y ser un suplicio en el kilómetro 80. Y al revés: sillines que al tacto parecen firmes resultan ser los que menos molestan cuando de verdad importa.

La razón no es misteriosa ni es cuestión de "acostumbrarse". Es física, y es sencilla de entender.

La única fórmula que necesitas: presión = fuerza / superficie

Lo que hace daño en un sillín no es el peso. Es la presión, que es el peso repartido entre la superficie sobre la que se apoya.

De esos dos números, uno no lo puedes cambiar: tu peso, más la carga que el terreno te va devolviendo golpe a golpe. El otro sí. La superficie de contacto real —cuántos centímetros cuadrados están de verdad soportando— es la única variable sobre la que un sillín puede actuar.

Dicho de otra forma: un sillín cómodo no es el que más se hunde, es el que consigue que apoyes en más sitio a la vez. Todo lo demás son consecuencias de eso.

Por qué el acolchado excesivo hace lo contrario de lo que promete

Aquí está la parte contraintuitiva. Un relleno muy blando —espuma de baja densidad, gel generoso— no reparte: colapsa.

Cuando te sientas, tus isquiones (los dos huesos sobre los que se apoya la pelvis) son puntos rígidos y relativamente pequeños empujando hacia abajo. Si el material que tienen debajo cede sin oponer resistencia, esos dos puntos lo atraviesan hasta llegar al fondo. El acolchado que quedaba alrededor no llega a trabajar: no está comprimido, simplemente ha sido esquivado.

Es el efecto hamaca. El material se hunde en dos pozos, tú te quedas apoyado en el fondo de esos pozos, y el resto del sillín —toda esa superficie que en teoría pagaste— no está soportando nada. Has reducido la superficie de apoyo en lugar de aumentarla.

Y hay un segundo efecto, menos evidente y más molesto: al hundirse la zona de los isquiones, el material desplazado sube por los lados y por delante. Ahí es donde aparecen los adormecimientos y la presión en tejidos blandos que ningún ciclista quiere describir en voz alta. No es que el sillín sea "demasiado duro". Es que el relleno se ha ido justo al sitio donde no debía.

Macro de la malla 3D lattice del sillín NEXUS de CarboXtrem sobre tejido de fibra de carbono, mostrando las celdas huecas que reparten la presión
La malla lattice no es un relleno con otra forma: es una estructura de celdas huecas que cede de forma controlada.

Entonces, ¿un sillín duro es la respuesta?

No, y conviene decirlo claro porque el péndulo suele irse al otro extremo.

Un sillín completamente rígido reparte mejor que uno blando y deformado —por eso muchos ciclistas de carretera acaban en modelos aparentemente espartanos y se encuentran mejor—, pero paga un precio: no absorbe nada. Cada bache, cada adoquín y cada raíz llegan íntegros a la pelvis. En una salida corta no pasa factura. En una marcha larga, en gravel o en una jornada de bikepacking, esa acumulación de micro-impactos es fatiga pura, del mismo tipo que ya explicamos al hablar de cómo la vibración del terreno te va vaciando en rutas largas.

Así que el planteamiento "blando o duro" está mal formulado desde el principio. Son dos formas de fallar en direcciones opuestas: uno reparte mal, el otro no amortigua. Lo que hace falta es un material que haga las dos cosas a la vez, y eso una espuma homogénea no lo puede hacer, sea cual sea su dureza. Una espuma solo tiene un número que ajustar; si lo subes, ganas reparto y pierdes absorción, y si lo bajas, al revés.

La salida: dejar de rellenar y empezar a estructurar

La alternativa es cambiar de categoría de material. En lugar de un bloque macizo con una dureza única, una malla lattice: una estructura tridimensional formada por miles de celdas huecas conectadas entre sí, fabricada mediante impresión 3D.

Lo que cambia no es la sensación al tacto, sino cómo se comporta bajo carga. Una celda hueca no se aplasta: se deforma. Sus paredes flexan de una manera que el diseñador puede calcular de antemano, y cuando la carga desaparece la celda vuelve a su sitio. Eso da algo que la espuma no ofrece: una respuesta progresiva y predecible, que cede lo suficiente para amortiguar pero se opone lo suficiente para no colapsar en dos pozos.

Y aquí viene lo importante: la densidad de esas celdas no tiene que ser la misma en todo el sillín.

Densidad afinada zona por zona

En un sillín de malla 3D, la geometría se ajusta por regiones. Más firme donde apoyan los isquiones, para que no se hunda y la superficie se mantenga amplia. Más flexible en el perímetro y en la zona central, para acompañar el movimiento del pedaleo y liberar la parte donde no interesa que haya presión.

El resultado es justo el contrario del efecto hamaca: en vez de reducirse a dos puntos, la superficie de apoyo crece mientras la estructura se adapta. Y en el sillín Carbon 3D NEXUS ese ajuste se hace en función del peso y la posición de cada ciclista, no con un molde único para todos —una libertad de diseño que solo existe cuando la pieza se imprime en lugar de moldearse.

La ventaja de propina: el aire

Una estructura de celdas abiertas está, por definición, llena de huecos comunicados. El aire circula y el sudor no se queda atrapado en un bloque cerrado, cosa que en verano y en subidas largas se nota. Es un efecto secundario del diseño, no un extra de marketing: si el material está hueco, respira.

Si te interesa la comparación material a material, la desarrollamos en detalle en espuma tradicional frente a malla 3D.

Especificaciones del sillín Carbon 3D NEXUS

Característica Dato
Medidas 240 × 140 mm
Peso 146 g
Espesor del pad 2 cm de malla amortiguadora
Material del núcleo Resina EPU 41 (poliuretano elastomérico de Carbon)
Base Laminado de fibra de carbono
Tecnología de fabricación Impresión 3D DLS de Carbon
Estructura Malla lattice de densidad variable por zonas
Resistencia Agua, sudor, rayos UV y desgaste prolongado
Disciplinas MTB (XC, XCM, Enduro), carretera, gravel, bikepacking, triatlón

El dato que resume el planteamiento es la combinación de las dos primeras filas: 2 cm de amortiguación real por menos de 150 gramos. Con espuma y una base convencional, ese grosor se paga en peso. Con una estructura hueca, no.

Cómo aplicar esto cuando vayas a elegir sillín

Tres criterios prácticos, por orden de importancia:

1. Empieza por la anchura, no por la dureza. Si el sillín no tiene la anchura adecuada para tu separación entre isquiones, ningún material del mundo lo va a arreglar: estarás apoyando fuera de los huesos. Es la medida que hay que tomar primero, y explicamos cómo hacerlo en casa en esta guía para medir tus isquiones.

2. Desconfía del test del pulgar. Apretar con el dedo mide la resistencia puntual de la capa superficial. Tú no te apoyas con un pulgar durante cuatro horas. Lo que importa es cómo se comporta la estructura completa bajo tu peso y en movimiento, y eso no se aprecia en el mostrador.

3. Piensa en la hora tres, no en el minuto uno. Casi todos los sillines son cómodos los primeros veinte minutos. Las diferencias aparecen cuando llevas rato, cuando has sudado y cuando el terreno lleva un buen rato golpeando. Ese es el escenario que hay que tener en la cabeza al decidir.

Preguntas frecuentes

¿Es mejor un sillín blando o uno duro?

La pregunta parte de una premisa equivocada. La comodidad no depende de la dureza, sino de cómo se reparte la presión. Un sillín muy blando se hunde y concentra la carga en menos puntos, y uno completamente rígido reparte bien pero no absorbe vibración. Lo que funciona es una estructura que ceda de forma controlada y mantenga amplia la superficie de apoyo.

¿Un sillín de malla 3D es blando o firme al tacto?

Al presionarlo con el dedo se nota firme y elástico, con recuperación inmediata. Bajo el peso completo del ciclista se comporta de manera distinta a como sugiere ese primer tacto: cede de forma progresiva y se adapta. Por eso el test del pulgar no sirve para valorarlo.

¿Cuánto pesa el sillín NEXUS?

146 gramos, con 2 cm de pad amortiguador y base de laminado de fibra de carbono.

¿La malla 3D se apelmaza o se deforma con el tiempo?

La estructura de EPU 41 recupera su forma tras cada compresión y está fabricada para resistir agua, sudor, rayos UV y desgaste prolongado. No hay espuma que absorba humedad ni pierda altura por compresión acumulada. Los cuidados básicos los detallamos en nuestra guía de limpieza y mantenimiento.

¿Sirve para gravel y bikepacking o solo para carretera?

Sirve para ambos. La combinación de reparto de presión y absorción de vibración es precisamente lo que se agradece en jornadas largas y terreno irregular. Está pensado para MTB (XC, XCM y Enduro), carretera, gravel, bikepacking y triatlón.

¿Se puede ajustar a mi peso y a mi posición?

Sí. La densidad de la malla se optimiza en función del peso y la zona de apoyo de cada ciclista, algo que la impresión 3D permite hacer unidad a unidad sin necesidad de un molde nuevo.

En resumen

Más blando no es más cómodo. Es, casi siempre, la forma más rápida de acabar apoyado en menos superficie de la que tenías al principio. Lo que de verdad quita molestias es repartir mejor: sostener donde hay que sostener, ceder donde hay que ceder y dejar pasar el aire por el camino.

El Sillín Carbon 3D NEXUS está construido sobre esa idea: 240 × 140 mm, 146 gramos, 2 cm de malla lattice de EPU 41 impresa en 3D con tecnología DLS de Carbon sobre base de fibra de carbono, con la densidad afinada zona por zona y adaptada a cada ciclista.

Deja de buscar el sillín que más se hunde. Busca el que mejor reparte.

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