
CarboXtrem TT Aerobars
€890,00
21/08/2026 · Alfonso Lopez Pe
En la ficha de casi cualquier sillín hay un dato que se lee antes que el resto: los gramos. Es el número más fácil de comparar, el que aparece en las tablas de las revistas y el que se usa para justificar la mitad del precio. Y es, con diferencia, el que peor se interpreta.
El motivo es sencillo: el peso de un sillín no es una propiedad aislada, es el resultado de varias decisiones de diseño que se toman antes. Se puede llegar a una cifra baja de muchas maneras, y no todas cuestan lo mismo cuando llevas tres horas sentado encima. Dos sillines pueden marcar lo mismo en la báscula y comportarse de forma completamente distinta en el kilómetro 90, porque uno ha bajado de peso haciéndose más inteligente por dentro y el otro simplemente se ha hecho más pequeño.
Esta guía va de eso: de dónde salen realmente los gramos de un sillín, qué se paga por cada recorte y cómo mirar la ficha para no acabar comparando dos cosas que no son comparables.
Un sillín convencional es un montaje de cuatro piezas, y cada una tiene su cuota en la báscula.
Son los dos tubos por los que el sillín se sujeta a la tija. En gama baja son de acero; según sube la gama pasan a aleaciones ligeras y, en competición, a fibra de carbono. Es la partida donde más fácil resulta bajar peso sin tocar nada de lo que el ciclista siente, y por eso suele ser la primera en cambiar. Ojo con un detalle práctico: los raíles de carbono suelen tener sección ovalada y requieren una tija compatible y un par de apriete controlado.
Es la carcasa que da forma al sillín y que decide, en buena medida, cómo flexa. Un chasis de composite reforzado pesa poco y permite afinar la rigidez por zonas. Aquí el ahorro también es relativamente barato en términos de confort, siempre que la rigidez resultante siga siendo la adecuada para el peso del ciclista.
Aquí empieza lo interesante. La espuma es material macizo: ocupa volumen y pesa en proporción a ese volumen. Bajar peso quitando espuma es inmediato, pero es también el recorte que más se nota, porque afecta directamente a lo que hay entre tus isquiones y la base rígida. Muchos sillines de competición son duros no por una decisión biomecánica, sino porque la manera más rápida de que pesen poco es que casi no lleven nada dentro.
La capa exterior aporta agarre y protege la espuma, y aporta bastantes menos gramos de los que la gente supone. Su papel en el peso total es menor, pero su papel en la durabilidad no: es la que se raja, y cuando se raja, la espuma empieza a absorber agua y sudor.
Existe una quinta vía que casi nunca aparece explicada en la ficha, aunque se ve a simple vista comparando fotos: hacer el sillín más corto y más estrecho. Menos superficie es menos chasis, menos espuma y menos funda a la vez, así que es la palanca más eficaz de todas para bajar la cifra. Y también la que más cambia lo que sientes, porque la superficie que se recorta es exactamente la que reparte tu peso.
Un sillín no sostiene tu peso: lo reparte. Tú apoyas una fuerza más o menos constante sobre una superficie determinada, y lo que tus tejidos notan no es la fuerza total, sino cuánta fuerza toca por cada centímetro cuadrado de apoyo.
Esa relación no admite discusión: si mantienes la carga y reduces el área, la presión sube. No hace falta ninguna cifra de laboratorio para entenderlo; es la razón por la que una mochila con tirantes anchos se lleva mejor que una con cuerdas, aunque dentro vaya exactamente lo mismo.
Llevado al sillín, significa que un recorte de contorno tiene un coste doble. Primero, porque hay menos área disponible para la misma carga. Y segundo, porque en un sillín estrecho los isquiones pueden quedar apoyados en el borde de la zona útil, o directamente fuera de ella, con lo que el peso acaba descansando en tejidos blandos que no están preparados para sostenerlo.
El síntoma no aparece al principio. En una salida corta, casi cualquier sillín es tolerable. El problema surge en las salidas largas, cuando llevas media hora recolocándote cada pocos minutos sin tener claro por qué, o cuando terminas de pie en los pedales más por necesidad que por ritmo. Si esto te suena, quizá te interese antes revisar la parte de ajuste en nuestra guía sobre la altura del sillín y las señales de que la tienes mal, porque una posición mal ajustada produce síntomas parecidos.
Si la espuma pesa por ser maciza y recortar el contorno sale caro en confort, queda una tercera vía: cambiar de qué está hecho el interior del acolchado.
Ahí es donde entra la fabricación aditiva. Una malla tridimensional —una estructura de miles de celdas huecas conectadas entre sí— permite ocupar el mismo volumen que la espuma con una fracción del material. El aire que queda entre celda y celda no pesa, y sin embargo el conjunto sigue teniendo altura de acolchado, capacidad de deformarse bajo la carga y capacidad de volver a su sitio al levantarte.
Hay dos consecuencias que van más allá de la báscula. La primera es que una estructura de celdas se puede afinar zona por zona: donde apoyan los isquiones interesa una respuesta distinta a la de la nariz del sillín, y eso en una espuma homogénea no se puede hacer. La segunda es que una estructura abierta no se comporta como una esponja cerrada frente al sudor y el agua, algo que tratamos con más detalle en el artículo sobre espuma tradicional frente a malla 3D.
Dicho de otra forma: el material se quita del interior, que es donde sobra, y no del contorno, que es donde trabaja.
El Sillín Carbon 3D NEXUS se diseñó justo con este planteamiento. Pesa 146 gramos en un formato de 240 × 140 mm, y las dos cifras hay que leerlas juntas: es un peso de competición sin la penalización de superficie que suele acompañarlo. Comparado con la referencia habitual del mercado, muchos sillines que rondan esa cifra lo hacen en formatos bastante más pequeños.
La pieza se imprime en 3D mediante tecnología Digital Light Synthesis™ de Carbon en EPU 41, un poliuretano elastomérico de Carbon. La estructura es una malla Voronoi, una geometría de celdas irregulares que reparte la carga y absorbe vibración sin necesidad de añadir volumen.
Y hay una segunda capa de personalización que no aparece en la báscula: la densidad de esa malla no es universal, se calcula a partir de dos datos del ciclista. El peso, que determina cuánto debe ceder la estructura, y la distancia entre isquiones, que sitúa la zona que tiene que sostener de verdad. Si no sabes la tuya, se mide en dos minutos con un cartón: lo explicamos paso a paso en cómo medir la distancia entre isquiones.
| Dato | Sillín Carbon 3D NEXUS |
|---|---|
| Peso | 146 g |
| Medidas | 240 × 140 mm |
| Tecnología | Impresión 3D DLS (Digital Light Synthesis™) de Carbon |
| Material | EPU 41, poliuretano elastomérico de Carbon |
| Estructura | Malla Voronoi de celdas abiertas, densidad ajustada por zona |
| Personalización | Según peso del usuario y distancia entre isquiones |
| Fabricación | Bajo pedido, en Europa |
Cuatro comprobaciones rápidas para que la cifra signifique algo:
Un peso sin dimensiones es un dato incompleto. Longitud y anchura máxima deberían estar en la misma ficha; si no aparecen, es una señal en sí misma. Comparar gramos entre un sillín corto y estrecho y uno de formato completo no aporta nada.
Si los gramos vienen de raíles de carbono y de un chasis bien resuelto, has ganado peso sin perder confort. Si vienen de que el sillín es una tabla con una capa mínima de espuma, lo estás pagando con presión.
Para una crono de 40 minutos, un sillín mínimo puede tener todo el sentido. Para marchas, gravel, maratón o ultradistancia, la superficie de apoyo y el comportamiento del acolchado pesan mucho más en el resultado final que veinte o treinta gramos.
Cuando esos gramos se comparan con el peso total de bici, ciclista, bidones y herramienta, la diferencia entre dos sillines es prácticamente irrelevante en rendimiento. Lo que no es irrelevante es terminar la ruta cómodo o terminarla contando los kilómetros que faltan. Sobre lo que un componente de carbono o una pieza impresa pueden aguantar de verdad, hablamos en límite de peso de los componentes de carbono y las piezas impresas en 3D.
| Si tu prioridad es… | Fíjate en… | Desconfía de… |
|---|---|---|
| Rendimiento en distancias cortas | Peso y rigidez del conjunto | Extrapolar esa elección a rutas largas |
| Salidas largas y marchas | Superficie de apoyo y comportamiento del acolchado | Sillines mínimos sin datos de medidas |
| Problemas de presión o entumecimiento | Anchura útil, canal central y ajuste | Añadir más espuma como solución automática |
| Durabilidad | Materiales que recuperan forma y resisten agua y sudor | Fundas finas sobre espuma barata |
| Peso mínimo absoluto | Raíles y chasis | Ahorros logrados recortando contorno |
Depende sobre todo de los raíles, del chasis, del tipo de acolchado y del tamaño. Un sillín de serie pesa bastante más que uno de competición, y dentro de la gama alta las diferencias se explican casi siempre por el material de los raíles y por cuánta superficie tiene el sillín. Por eso un peso sin las medidas al lado es un dato incompleto: el NEXUS, por ejemplo, pesa 146 g en un formato de 240 × 140 mm.
No necesariamente: depende de dónde se hayan quitado los gramos. Si el ahorro viene de los raíles o del chasis, el confort no tiene por qué verse afectado. Si viene de recortar superficie de apoyo o de dejar el acolchado al mínimo, entonces sí se paga.
Porque un sillín no aguanta tu peso, lo reparte. Cuanta menos superficie útil hay, más presión soporta cada punto de apoyo. Y en un sillín estrecho los isquiones pueden quedar en el borde de la zona de soporte, con lo que el peso acaba cargando sobre tejidos blandos.
Porque el acolchado no es material macizo. En lugar de espuma lleva una malla tridimensional de celdas huecas que ocupa el mismo volumen con mucho menos material. Los gramos se ahorran en el interior de la estructura, no en el contorno.
Pesa 146 gramos y mide 240 × 140 mm. Se imprime en 3D con tecnología DLS de Carbon en EPU 41, con estructura Voronoi de celdas abiertas y densidad ajustada según el peso del ciclista y su distancia entre isquiones.
Frente al peso total de bici y ciclista, la diferencia entre dos sillines apenas se nota en rendimiento. Donde sí se nota es en las horas. Paga por el reparto de presión y por un acolchado que aguante; el peso, que sea una consecuencia del diseño y no el objetivo.
Bajar el peso de un sillín es fácil si se hace por la vía rápida: se le quita sitio donde sentarse y la báscula lo agradece. Lo difícil —y lo que de verdad marca la diferencia en las salidas largas— es conservar la superficie de apoyo y quitar el material por dentro, donde no hace falta.
Si estás comparando sillines ahora mismo, pon las medidas al lado de los gramos antes de decidir. Y si quieres ver cómo se resuelve esa ecuación con fabricación aditiva, échale un vistazo al Sillín Carbon 3D NEXUS: se fabrica cuando lo pides, con tu peso y tu distancia entre isquiones.
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